FELICIDAD INSTANTÁNEA
El escritor inglés Aldous Huxley, en su libro Un mundo feliz, nos describe metafóricamente cómo podría llegar a ser nuestra futura evolución en manos de la tecnología. Imagina una sociedad con personas más y menos inteligentes, divididas en categorías socioculturales prefabricadas y con la libido expresada a flor de piel. “Uno de los mayores instrumentos de la estabilidad social. Hombres y mujeres estandarizados, en grupos uniformes”.
Alfas, Gammas, Betas, Deltas y Epsilones es el nombre que se les da en el libro a los distintos conjuntos de personas existentes en Un mundo feliz, donde cada grupo está dispuesto a relacionarse dentro de sí mismo y donde a través de un condicionamiento tecnológico especial en el ¨Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres” , se les ha introyectado conductas y características específicas para su diario vivir en búsqueda de esa sociedad perfecta, uniforme, realizada y feliz que el director del centro pretende sostener.
El literato británico decidió transportar a las páginas del libro uno de los tantos vicios nocivos de nuestra realidad, una sustancia química de propiedades alucinantes y alienantes, que quita las capacidades sensitivas del cuerpo humano llevándolo imaginariamente a vivir algo diferente de lo que es. Una droga que decidió llamar soma.
Con esa substancia intenta explicarse el desahogo que hombres y mujeres logran en la obra, después de enfrentar durante sus obligaciones y actividades cotidianas alguna alteración que sea imprevisible a la respuesta condicionada que llevan, como es el caso de descubrir una forma de vida distinta, por ejemplo la de Malpaís. Allí no existe nada construido para evitar el afrontamiento de las consecuencias de las acciones y actitudes humanas y tampoco un Mustafa Mond que designe el suministro obligatorio a todas las personas que viven bajo las leyes de Ford, para que no pierdan su supuesta, breve e instantánea felicidad y que el temor no los haga reflexionar ni sentir algo no condicionado.
El soma, esa pastilla tan consumida, común y corriente entre los personajes de la novela, es parte constitutiva de la estructura social, es lo único común para todos, sin importar la categoría a la que pertenezcan, lo podríamos llamar un derecho básico fundamental e innegable para todos. Todo aquel que no desee soportar algún sentimiento contradictorio, doloroso o encontrarse con algo desfavorable para su manera de ver el mundo o a la forma en que esperaba se le resuelva algo en su favor, puede consumir la dosis que crea conveniente de soma y saltar a otra realidad que le permita llegar a un proceso de homeostasis.
¿Qué propósito tendría el soma en cualquier mundo feliz, donde el sistema marcha como las manecillas del reloj: sin pausa fuera de tiempo y de la forma más eficaz segundo a segundo?. Si esta droga no es un vicio y es apta para todo el mundo, estaría hecha para que las personas no se den cuenta de la verdad o realidad que cubre y enmascara los efectos de su consumo, terminando así el círculo de condicionamiento creado por un ser humano más que intenta construir la supuesta felicidad de todos.
Sin embargo ¿qué pasa si hay fallas en la mezcla que da origen tecnológico a la vida humana, haciendo que una persona nazca con fallas físicas e intelectuales dentro de su especie? Las primeras pueden ser objeto de burla y las segundas lo pueden hacer especial en cuanto a una manera distinta de percibir las cosas y la vida, haciéndolo un poco más humano para nosotros y diferente a los del texto.
Bernard es ese ser capaz de entender o de intentar entender desde el absoluto desconocimiento y falta de experiencia respecto a lo escuchado, las palabras de una mujer con el mismo origen que él pero con distinta suerte debido a una ruptura en los planes de su vida condicionada, que le dijo: “Supongo que John ya os lo ha contado. ¡Lo que llegué a sufrir! ¡Y sin un gramo de soma! […] Piénsalo por un momento: yo, una Beta, tener un hijo; ponte en mi lugar. – La sugerencia hizo estremecer a Lenina-. Aunque no fue culpa mía, lo juro” .
Será el miedo a sentirse aislados por hacer o sentir algo en contra del condicionamiento primero que recibieron lo que los lleva a consumir el soma o, simplemente, es su única manera de vivir algo incondicionado y que les permite expresarse aunque sea en sueños e ilusiones y ahí sí llegar a la felicidad que encuentran en un mundo diferente al único que conocen.
“[Los…] hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma” . Entonces queda claro que el soma es una sustancia elaborada por el hombre que busca sólo satisfacciones, sin importar las consecuencias, es un complemento que llevaría a la supuesta felicidad de las personas o a la alternativa fácil y rápida donde no exista contradicción y esfuerzo, volviendo al hombre y a la mujer seres limitados y distintos a su naturaleza, ejemplificando esto con la prohibición de la reproducción natural.
Limitación o más bien cercenamiento de sentimientos y aptitudes para resolver conflictos, problemas y afectos con los demás y nosotros mismos. Por eso personas con experiencia en lo que es sentir, captar, interiorizar y expresar emociones como el llamado salvaje o John (como lo nombró su madre que nunca entendió como sucedió el error que permitió su embarazo) pudo asimilar lo que el soma puede ocasionar además de fantasías: la muerte, si se lo ingiere en exceso. Sólo él logró sentir lo que genera la pérdida de un ser cercano y querido, al observar a su madre morir a causa de la gran cantidad de gramos que le habían proporcionado en una casa de salud.
Saltar etapas, vivencias y los altibajos de la vida nunca ha sido una solución eficiente para tener una vida próspera, sin embargo parece que en esta metáfora se ha cumplido, prometiendo una supuesta encantadora vida feliz. Obviamente antinatural y desconocida para nosotros, en cuanto al sentido de crear vida humana sin una base biológica propia de la especie; al aceptar o naturalizar el uso indiscriminado de drogas y varias tecnologías que podrían surgir en el futuro.
Pero contamos, sin lugar a dudas, con clases sociales donde el ser y el no ser pertenece a una categoría para juzgar a los demás; también con expresiones sexuales de todo tipo que cada vez se convierten en prácticas más aceptadas; por supuesto existen grandes consumidores de estupefacientes que han terminado perjudicando cada vez más su humanidad.
“La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Estar satisfecho de todo no posee el encanto que supone mantener una lucha justa contra la infelicidad, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.¨
Talvez no existe ni existirá la receta o fórmula secreta para llegar a tener un mundo feliz, muchos podemos asegurar que el camino es volcar toda nuestra fuerza a la creencia del único ser sobrenatural de origen divino. Muchos más podrán decir y profesar otras y muy distintas creencias, pero nadie podría asumir que una sustancia consumida en este contexto espacio-temporal proporcionaría la felicidad que sirve y vale la pena para desarrollar una vida plena, donde la armonía interna este reflejada al exterior, perdurando así la primacía de la paz sobre la angustia y no la de la angustia sobre la paz como lo promulgó el filosofo existencialista J. Paul Sartre.
Una pequeña pastilla, una pequeña supuesta porción de felicidad no es nada significante a comparación de una gran alegría que puede existir antes o después de una tristeza o cualquier otra cosa que se nos anteponga en el día a día. Porque trabajar por la felicidad propia y saberla alcanzar dejando atrás el dolor o un conflicto, es una gran satisfacción que todo ser humano merece experimentar en algún momento y podría intentar contagiarla a los demás. Negar la realidad y escapar de ella es negarse a la posibilidad de encontrar la verdadera felicidad.
sábado, 26 de septiembre de 2009
EL LENGUAJE DE BUENOS AIRES
Las personas mientras hablamos podemos
estar rebajándonos al nivel de las cosas
en un proceso voluntario y conciente.
Nos hemos acostumbrado a utilizar ciertas palabras al referirnos a las demás personas, para catalogarlas, llamar su atención, referirnos a las mismas de una manera especial o simplemente para hablar con ellas.
Los seres humanos poseemos varias dimensiones que nos diferencian del resto de seres vivientes y que su función en conjunto nos permiten el desarrollo orgánico de nuestro ser. Nos componemos de: dimensión biológica, espiritual, social, racional y psicológica. La correcta armonía de éstas, nos dan la capacidad de comunicarnos y desenvolvernos diariamente.
Desde varios siglos atrás, filósofos, investigadores y especialistas han dicho que las palabras sirven para enseñar y aprender, por lo mismo que tienen siempre algún significado específico (San Agustín). Pero para que las palabras existan y sean comprendidas deberán pertenecer a una lengua compartida por la sociedad y, los distintos miembros pueden hacer el uso individual y voluntario de esa lengua a través del habla, diría el semiólogo Saussure.
La libertad individual que tenemos para el uso de las palabras, es fácil de escuchar en las aulas, calles, casas y distintos sitios de Buenos Aires, aún más al ser una ciudad de alta densidad poblacional, habitada por muchas personas del interior del país y de varias nacionalidades que agregan particularidades propias de sus dialectos o que por lo menos lo usan con sus pares.
Desde el momento que logramos expresarnos oralmente, a temprana edad, se nos abren las posibilidades de adaptar y dotar de nuevos sentidos a palabras
de nuestro idioma, así como a los objetos que nos rodean. “Pienso en el ambiente distinto de nuestra voz, en la valoración irónica o cariñosa que damos a determinadas palabras, en su temperatura no igual. No hemos variado el sentido intrínseco de las palabras, pero si su connotación” .
El escritor J. Edmundo Clemente en El lenguaje de Buenos Aires dice que el fondo idiomático procede de cuatro maneras principales para elaborar su vocabulario: 1)inventa directamente palabras, 2)inventa acepciones por semejanza, 3)inventa acepciones por derivación e 4)inventa grafías.
Los seres humanos que caminamos por las calles porteñas; a veces mientras hablamos con uno o más semejantes, podemos referirnos a algún participante de la conversación o a otro individuo ausente en ella, con nombres de cosas. Tanto receptores como emisores en dicha comunicación podremos identificar al sujeto que con esa idea mencionada (nombre de objeto) hacemos referencia.
“El objeto, adquiere a nuestra vista la apariencia o la existencia de una cosa que es inhumana y que se obstina en existir, un poco como el hombre” . Le decimos inhumano porque está fuera del hombre y es material, pertenece al campo de lo tangible y sensible al cuerpo humano. Hay objetos que pueden dar lugar a varias lecturas, a partir de saberes previos relacionados con la historia, la cultura y el nivel cultural de la persona que lo interpreta. Ningún objeto dejará de transmitir algún significado, aunque sea la insignificancia. El objeto no significa por lo que es, si no por su contexto, dice el semiólogo Roland Barthes.
Los hombres damos un significado a los objetos que existen en la naturaleza y también a los que producimos para satisfacer nuestros deseos y necesidades. Encontramos sus usos, sus capacidades, sus debilidades, las formas de evolucionarlos y desarrollarlos con el fin de obtener mejoras, así como todo lo que nos pueda aportar a nosotros y a nuestra cultura información y conocimiento. Por eso los decidimos nombrar y categorizar al alcance de nuestro entendimiento y voluntad.
Podemos escuchar decir un sin numero de palabras con una connotación diferente al significado que conocemos y comprendemos, e incluso al que tienen en los diccionarios.
Por ejemplo, al oír nombrar animales se nos puede venir a la mente las imágenes mentales de dichos animales. Sin embargo se le ha dado otras connotaciones a palabras como: gato (mujer muy arreglada y con ropa provocativa), potro (hombre físicamente atractivo), yegua (mujer físicamente atractiva ó de malos sentimientos), lobo (amigo cercano), perro (hombre poco hábil en determinada actividad); que no significan por alguna cualidad del animal que representan, ni del individuo al que se refieren y tampoco cumplen con las dimensiones del hombre para justificar su vinculación al mismo, sino que se comprenden por convención de los hablantes.
También se escucha nombrar alimentos -comidas- que de igual forma no hacen referencia a las cualidades del hombre ni del objeto que son, como: grasa (termino despectivo para una persona que no responde a los patrones estéticos y culturales establecidos), banana (persona que se arregla en exceso para intentar sobresalir y su actitud es de arrogancia), salame (persona con limitaciones intelectuales o poca lógica), panqueque (persona poco relevante que comete una torpeza o descuido), leche (persona con malas intenciones o con gran imaginación), torta (mujer homosexual).
Otros términos de objetos que tienen múltiple connotación son: botón (persona que delata culpables o informa lo sucedido sin petición alguna), máquina (persona que es considerada buena para algo), paja (persona perezosa), forro (persona con actitudes despreciativas o mal intencionadas).
Esta manera de cosificar al hombre a través de las palabras ha aumentado rápidamente en las últimas décadas. No sólo es evidenciable en coloquios informales, incluso en los medios de comunicación formales, ya aparece esta vía de deshumanización de las personas, cuando los protagonistas de los acontecimientos expuestos adquieren un valor de mercancía.
Por ejemplo: “En una nota publicada en la sección Deportes de La Nación (1955), se dijo: El centroforward murió al amanecer, de Agustín Cuzzani” . También existen otras maneras como es el caso de los buenos deportistas, que para pertenecer a otro equipo deportivo son comprados, vendidos y hasta subastados como si fueran cosas.
Al usar este tipo de terminologías, que deberían emplearse sólo cuando hablamos de objetos, damos paso a la confusión o entendimiento del hombre como un simple medio e instrumento; lo sacamos de su ser, le ponemos a nivel de las cosas e incluso podríamos estar intentando ubicarlo dentro de una categoría.
Seguimos modificando y humanizando cada vez más el mundo, sin embargo estamos olvidando la relación funcional que se debería conservar entre éste y los hombres, en donde nosotros actuemos en él para transformarlo, en busca de nuestro propio bien.
Pareciera que en el camino, nos hemos permitido a nosotros mismos y al resto sacarnos partes fundamentales de nuestra dimensión humana concedida por un Ser superior, como si existiera el propio afán de involucionar, de convertirnos en animales sin razón o incluso de llegar a ser simples objetos.
estar rebajándonos al nivel de las cosas
en un proceso voluntario y conciente.
Nos hemos acostumbrado a utilizar ciertas palabras al referirnos a las demás personas, para catalogarlas, llamar su atención, referirnos a las mismas de una manera especial o simplemente para hablar con ellas.
Los seres humanos poseemos varias dimensiones que nos diferencian del resto de seres vivientes y que su función en conjunto nos permiten el desarrollo orgánico de nuestro ser. Nos componemos de: dimensión biológica, espiritual, social, racional y psicológica. La correcta armonía de éstas, nos dan la capacidad de comunicarnos y desenvolvernos diariamente.
Desde varios siglos atrás, filósofos, investigadores y especialistas han dicho que las palabras sirven para enseñar y aprender, por lo mismo que tienen siempre algún significado específico (San Agustín). Pero para que las palabras existan y sean comprendidas deberán pertenecer a una lengua compartida por la sociedad y, los distintos miembros pueden hacer el uso individual y voluntario de esa lengua a través del habla, diría el semiólogo Saussure.
La libertad individual que tenemos para el uso de las palabras, es fácil de escuchar en las aulas, calles, casas y distintos sitios de Buenos Aires, aún más al ser una ciudad de alta densidad poblacional, habitada por muchas personas del interior del país y de varias nacionalidades que agregan particularidades propias de sus dialectos o que por lo menos lo usan con sus pares.
Desde el momento que logramos expresarnos oralmente, a temprana edad, se nos abren las posibilidades de adaptar y dotar de nuevos sentidos a palabras
de nuestro idioma, así como a los objetos que nos rodean. “Pienso en el ambiente distinto de nuestra voz, en la valoración irónica o cariñosa que damos a determinadas palabras, en su temperatura no igual. No hemos variado el sentido intrínseco de las palabras, pero si su connotación” .
El escritor J. Edmundo Clemente en El lenguaje de Buenos Aires dice que el fondo idiomático procede de cuatro maneras principales para elaborar su vocabulario: 1)inventa directamente palabras, 2)inventa acepciones por semejanza, 3)inventa acepciones por derivación e 4)inventa grafías.
Los seres humanos que caminamos por las calles porteñas; a veces mientras hablamos con uno o más semejantes, podemos referirnos a algún participante de la conversación o a otro individuo ausente en ella, con nombres de cosas. Tanto receptores como emisores en dicha comunicación podremos identificar al sujeto que con esa idea mencionada (nombre de objeto) hacemos referencia.
“El objeto, adquiere a nuestra vista la apariencia o la existencia de una cosa que es inhumana y que se obstina en existir, un poco como el hombre” . Le decimos inhumano porque está fuera del hombre y es material, pertenece al campo de lo tangible y sensible al cuerpo humano. Hay objetos que pueden dar lugar a varias lecturas, a partir de saberes previos relacionados con la historia, la cultura y el nivel cultural de la persona que lo interpreta. Ningún objeto dejará de transmitir algún significado, aunque sea la insignificancia. El objeto no significa por lo que es, si no por su contexto, dice el semiólogo Roland Barthes.
Los hombres damos un significado a los objetos que existen en la naturaleza y también a los que producimos para satisfacer nuestros deseos y necesidades. Encontramos sus usos, sus capacidades, sus debilidades, las formas de evolucionarlos y desarrollarlos con el fin de obtener mejoras, así como todo lo que nos pueda aportar a nosotros y a nuestra cultura información y conocimiento. Por eso los decidimos nombrar y categorizar al alcance de nuestro entendimiento y voluntad.
Podemos escuchar decir un sin numero de palabras con una connotación diferente al significado que conocemos y comprendemos, e incluso al que tienen en los diccionarios.
Por ejemplo, al oír nombrar animales se nos puede venir a la mente las imágenes mentales de dichos animales. Sin embargo se le ha dado otras connotaciones a palabras como: gato (mujer muy arreglada y con ropa provocativa), potro (hombre físicamente atractivo), yegua (mujer físicamente atractiva ó de malos sentimientos), lobo (amigo cercano), perro (hombre poco hábil en determinada actividad); que no significan por alguna cualidad del animal que representan, ni del individuo al que se refieren y tampoco cumplen con las dimensiones del hombre para justificar su vinculación al mismo, sino que se comprenden por convención de los hablantes.
También se escucha nombrar alimentos -comidas- que de igual forma no hacen referencia a las cualidades del hombre ni del objeto que son, como: grasa (termino despectivo para una persona que no responde a los patrones estéticos y culturales establecidos), banana (persona que se arregla en exceso para intentar sobresalir y su actitud es de arrogancia), salame (persona con limitaciones intelectuales o poca lógica), panqueque (persona poco relevante que comete una torpeza o descuido), leche (persona con malas intenciones o con gran imaginación), torta (mujer homosexual).
Otros términos de objetos que tienen múltiple connotación son: botón (persona que delata culpables o informa lo sucedido sin petición alguna), máquina (persona que es considerada buena para algo), paja (persona perezosa), forro (persona con actitudes despreciativas o mal intencionadas).
Esta manera de cosificar al hombre a través de las palabras ha aumentado rápidamente en las últimas décadas. No sólo es evidenciable en coloquios informales, incluso en los medios de comunicación formales, ya aparece esta vía de deshumanización de las personas, cuando los protagonistas de los acontecimientos expuestos adquieren un valor de mercancía.
Por ejemplo: “En una nota publicada en la sección Deportes de La Nación (1955), se dijo: El centroforward murió al amanecer, de Agustín Cuzzani” . También existen otras maneras como es el caso de los buenos deportistas, que para pertenecer a otro equipo deportivo son comprados, vendidos y hasta subastados como si fueran cosas.
Al usar este tipo de terminologías, que deberían emplearse sólo cuando hablamos de objetos, damos paso a la confusión o entendimiento del hombre como un simple medio e instrumento; lo sacamos de su ser, le ponemos a nivel de las cosas e incluso podríamos estar intentando ubicarlo dentro de una categoría.
Seguimos modificando y humanizando cada vez más el mundo, sin embargo estamos olvidando la relación funcional que se debería conservar entre éste y los hombres, en donde nosotros actuemos en él para transformarlo, en busca de nuestro propio bien.
Pareciera que en el camino, nos hemos permitido a nosotros mismos y al resto sacarnos partes fundamentales de nuestra dimensión humana concedida por un Ser superior, como si existiera el propio afán de involucionar, de convertirnos en animales sin razón o incluso de llegar a ser simples objetos.
Comunicando a un Gobierno
Crónica publicada en: http://www.salvador.edu.ar/fcecs/Noticia_Facultad/Noticias_Carrera_Periodismo/ecuador.htm
Presentan las estrategias de comunicación del gobierno ecuatoriano
Por Sebastián Valarezo Flachier
2M2-BUCS
El jueves 20 de agosto de 2009, entre las 11 y las 13 hs., la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Salvador recibió a la Lic. Carolina Espinosa Vergara, Subsecretaria de Comunicación e Información de la Presidencia de la República de Ecuador. La invitada dio una conferencia sobre el tema “Comunicando a un Gobierno, Rafael Correa y sus seis victorias consecutivas”.
La funcionaria del gobierno ecuatoriano que se encuentra en Buenos Aires en visita oficial para definir asuntos previos a la reunión en Bariloche que sostendrán el mandatario ecuatoriano y su homónimo colombiano próximamente, explicó al auditorio los ejes principales que constituyeron la campaña de comunicación del presidente Rafael Correa, por medio de la cual logró obtener la victoria en las últimas seis votaciones electorales, ganando con más del 60% de votos en el lapso de tres años.
Espinosa Vergara definió dicha estrategia como diferenciadora por ser un reflejo de las características del presidente: “joven, capaz y en contra de la partidocracia (los partidos y sus dirigentes políticos tradicionales), a través de la cual se ofrece la posibilidad de devolver a los ecuatorianos lo que les habían robado: la Patria. Por eso sus slogans: ‘La Patria vuelve’ y ‘La Patria ya es de todos’”.
Después de la presentación, en el segmento de preguntas, Espinosa Vergara comentó su experiencia a cargo del manejo de la comunicación e información, cuando se produjo una entrada militar colombiana en territorio ecuatoriano el pasado 1º de marzo de 2008. Asimismo, aclaró dudas acerca de la situación de los medios privados de comunicación que han sido incautados por el estado, debido a deudas de sus propietarios con el pueblo ecuatoriano.
Informó que mientras tanto su país está llevando adelante la creación de medios públicos de comunicación, y es por eso que acaba de firmar un convenio con la agencia de noticias argentina TELAM, para que capacite a los personeros de la nueva agencia estatal de noticias en Ecuador. El acontecimiento, que forma parte del Programa de Cátedras Abiertas, se realizó en el marco de la materia Análisis de Opinión Pública, a cargo de los Profesores Daniel Gutiérrez y Pablo Knopoff, en el Aula Magna de la Facultad
Presentan las estrategias de comunicación del gobierno ecuatoriano
Por Sebastián Valarezo Flachier
2M2-BUCS
El jueves 20 de agosto de 2009, entre las 11 y las 13 hs., la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Salvador recibió a la Lic. Carolina Espinosa Vergara, Subsecretaria de Comunicación e Información de la Presidencia de la República de Ecuador. La invitada dio una conferencia sobre el tema “Comunicando a un Gobierno, Rafael Correa y sus seis victorias consecutivas”.
La funcionaria del gobierno ecuatoriano que se encuentra en Buenos Aires en visita oficial para definir asuntos previos a la reunión en Bariloche que sostendrán el mandatario ecuatoriano y su homónimo colombiano próximamente, explicó al auditorio los ejes principales que constituyeron la campaña de comunicación del presidente Rafael Correa, por medio de la cual logró obtener la victoria en las últimas seis votaciones electorales, ganando con más del 60% de votos en el lapso de tres años.
Espinosa Vergara definió dicha estrategia como diferenciadora por ser un reflejo de las características del presidente: “joven, capaz y en contra de la partidocracia (los partidos y sus dirigentes políticos tradicionales), a través de la cual se ofrece la posibilidad de devolver a los ecuatorianos lo que les habían robado: la Patria. Por eso sus slogans: ‘La Patria vuelve’ y ‘La Patria ya es de todos’”.
Después de la presentación, en el segmento de preguntas, Espinosa Vergara comentó su experiencia a cargo del manejo de la comunicación e información, cuando se produjo una entrada militar colombiana en territorio ecuatoriano el pasado 1º de marzo de 2008. Asimismo, aclaró dudas acerca de la situación de los medios privados de comunicación que han sido incautados por el estado, debido a deudas de sus propietarios con el pueblo ecuatoriano.
Informó que mientras tanto su país está llevando adelante la creación de medios públicos de comunicación, y es por eso que acaba de firmar un convenio con la agencia de noticias argentina TELAM, para que capacite a los personeros de la nueva agencia estatal de noticias en Ecuador. El acontecimiento, que forma parte del Programa de Cátedras Abiertas, se realizó en el marco de la materia Análisis de Opinión Pública, a cargo de los Profesores Daniel Gutiérrez y Pablo Knopoff, en el Aula Magna de la Facultad
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